Validar sus Emociones

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Por: Carolina Hernández 

Un niño no se las sabe todas, sabe si acaso que tiene hambre o sueño. Y las mamás sabemos menos. Sin embargo, desde lo que intuimos, deberíamos ayudarles a entenderse. Lo que pasa es que nos cuesta entenderlos, y nos da rabia que quieran algo diferente a lo que nosotros teníamos en mente, o que nuestros días no cumplan la agenda porque el niño se demoró desayunando.

Nos abstraen las labores propias de la maternidad y las prioridades se alteran. Resulta más importante el orden o las normas, que la presencia de una mamá que defina los principios que fundamentan un hogar. Y elegir qué pañalera comprar se vuelve más importante que nombrar las emociones para enseñarles a vivir con ellas.

En medio de la competencia hacia la perfección que nos lleva a pretender realizar el mito de ser súper mamás, pasamos por encima del fundamento de la maternidad: los niños. Por evitar el llanto o alguna situación de conflicto, decimos cosas como “no pasó nada, levántate y sigue jugando que tú eres guapo”, “por eso no se llora” o “tú no te puedes poner bravo con los papás”. En esa medida, les enseñamos a los niños a cohibirse, a negarse el permiso de sentir o a no decirnos lo que sienten. Y conscientemente, ninguna mamá quiere que eso pase.

Así que la tarea es permitirles sentir y acompañarlos a nombrar, a aceptar y a dejar pasar las emociones, para que sean ellos los que encuentren su balance y, mientras van creciendo, se hagan dueños de eso que sienten y de sí mismos.

Pero ¿cómo se hace eso? Cómo permitirles sentir a los niños cuando nosotros como adultos no lo hemos logrado, o cómo acompañarlos cuando nosotros emocionalmente nos sentimos más pequeños que ellos? No hay una respuesta pero podemos comenzar por validar las emociones. Las de ellos y las nuestras. Si un niño comprende que su papá se pone triste, o elige enojarse, o se siente feliz, se apropia de esas emociones vía espejo y comienza a identificarlas cuando pasan por su cuerpo. Decirle entonces, “yo me puse triste cuando tu tía se fue a vivir a otro país” o “yo me enojé porque sentí que esa persona me trató mal”, nos hace ver como seres reales y con limitaciones, y además les mostramos que la responsabilidad de sentir esa emoción es nuestra. Es darles ejemplo desde lo emocional, y yo creo que funciona.

Funciona también nombrarlo cuando a ellos les pasa. Si un niño se golpea, es más sensato abrazarlo y decirle “claro, caerse duele” o “es normal que sientas dolor”, puede ser más efectivo que “no pasó nada” o “no llores que todo está bien”. Todo puede estar bien, el golpe puede no pasar a mayores, pero para él es una realidad que duele y sus papás son los menos indicados para negarlo. Cuando un niño no está de acuerdo con alguna norma, puede servir “veo que estás enojado” o “entiendo que no estés de acuerdo, pero es hora de regresar a la casa”. Reconocer que la existencia de una emoción no cambia la norma, les sirve además para entender que las emociones no son armas en contra de los papás.

Si las emociones reconocidas, llamadas por su nombre, atendidas con amor y con presencia de los papás, se vuelven familiares, se aceptan de manera natural y sin misterios, pero en especial, sin miedo de sentirlas.

Es una práctica que debería ser un hábito familiar, y toma tiempo empezar a identificar qué sienten y qué posibles soluciones podemos proponer o que normas elegimos no negociar. Algunas recomendaciones en la manera de nombrar que he ido incorporando en mi ejercicio de validar sus emociones son:

  • “Puedes sentir rabia, y recuerda que tratamos a todos con respeto”
  • “Yo sé que estás triste porque se acabó el momento de jugar”
  • “Es normal que te enojes”
  • “A veces no quieres jugar, lo dices con calma o propones otra cosa”
  • “Estás muy contento, cierto?”
  • “Qué felicidad irnos de paseo”
  • “Claro, caerse duele y además da rabia”

Siempre nombrar lo que intuimos que les está pasando y buscar proponerles una salida o ayudarles a entender que a pesar de lo que sienten la situación no cambia, es la mejor herencia que les podemos dar a los niños. No es cosa de adultos eso de identificar lo que se siente, habituarse a expresarlo de manera oportuna, entender que cada uno tiene el poder de salir de cualquier estado y que estar bien es una decisión individual. Los niños pueden comenzar con pasos de niños, e irse acercando a la consciencia de tener emociones que se sienten mejor que otras y a saberlas vivir con tranquilidad. Ayúdales desde hoy a entender lo que sienten y entiéndelos primero tú.

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