Los 10 retos de mi maternidad

familia

Por Juliana Molina (Amor y Mamar)

1. No quería compartir

Cuándo mis hijos fueron bebes no los quería compartir, yo sabía qué hacer, yo me sentía que había nacido para ser mamá y no había nada que me pudieran enseñar; yo lo quería hacer todo sola o con mi esposo, pero esas eran las cuatro manos que quería sobre mis hijos. Era el momento que había esperado toda mi vida y por fin llegaba, lo quería para mi.

Con toda seguridad compartí más a mi tercera hija que a mi primer hijo y debo confesar que lo hice entre otras cosas porque necesitaba ayuda. Pero fui y soy mamá leona, muy  instintiva y animal, muy loca para mis amigas y familia.

 2. Mi lactancia “prolongada”

Di teta a mis primeros dos hijos por trece meses y a mi hija mas chiquita lo hice por un año y ocho meses. Mientras fueran bebes, no tuvieran dientes y no caminaran era una héroe consagrada, había logrado salir adelante con la misión imposible de la lactancia.

Después era incomodo alimentar a mis hijos, amigos y familiares esperaban que fuera algo que hiciera en privado y era casi inapropiado darles teta a mis hijos estando “tan” grandes, eso ya no alimentaba, era un chupo para ellos, yo los estaba malcriando e incomodando un poco con mi decisión.

Yo validé mi decisión instintiva, leí que la OMS dice que se debe amamantar mínimo dos años, les di teta porque era lo mejor para ellos y para mi, porque me conectaba con mis hijos de una manera extraordinaria y única, les di teta todo ese tiempo básicamente porque se me dio la gana y a mi esposo le parecía bien.

3. La crianza respetuosa y con apego

Esta línea de crianza, me hace mucho sentido, todo el sentido. Pero es muy agotadora, requiere  de mucha energía, estar informado, requiere lectura, conciencia, en fin, es un proceso muy individual, pero como no se cría solo, o por lo menos no yo, entonces no siempre es fácil ponerse de acuerdo con la forma y el fondo con el otro cuidador, se que nos pasa a todos en todos los tipos de crianza.

Elegí  criar basado en esta línea que a veces parece permisiva (no lo es),  me encuentro a veces con la mano dura de mi esposo (que nadie cree que la tiene, porque es un mega bacán) y chocamos, no estamos de acuerdo y eso no ha sido fácil. Poco a poco he entendido que mis hijos aprenderán de cada uno algo valioso y que mi forma no tiene que estar 100% en línea con la de mi pareja, se trabaja siempre para que sea así pero no tiene que serlo, el tiene una forma, viene de una formación diferente a la mía, tiene unas motivaciones diferentes con su paternidad y encontrarnos siempre será nuestro propósito,  sin embargo ahora quiero que sea un motivo de encuentro y no uno de desencuentro, cada vez más trato más evitar convencer que mi manera es la mejor. En ese proceso aún estoy.

4. Mi familia política

Mi familia política es grande y amorosa, siempre siempre la he querido mucho, pero en mi maternidad fue muy difícil.

Fue difícil la comunicación, cumplir expectativas (de ambas partes), poner límites sin herir sentimientos, quitarle emocionalidad a las acciones, entender las emociones del otro, conocer y re-conocer la dinámica familiar independiente que estábamos teniendo mi esposo y yo con nuestros hijos, sin que eso afectará las anteriores como hijos, hermanos y demás.

Con el tiempo hemos entendido la nueva propuesta familiar, hemos tomado distancia donde nos ha tocado y respetado lo que no compartimos, pero como en todas las relaciones donde hay amor y también decepción, se hirieron sentimientos que nos ha costado recomponer.

Ahora me atrevo a hablarlo públicamente sin descomponerme, no fue fácil para nadie, fue muy difícil para mi, me cuesta no estar en completa armonía con los que quiero. Sin embargo puedo decir que estoy del otro lado, que todo pasa y que el amor siempre gana.

5. Mi tercer hija

La hija “no esperada”. Siempre quise tres hijos pero al parecer cuando lo decía habían tantos argumentos para desistir de esa idea que quedaba anulada mi ilusión de ser mamá de tres, siempre las finanzas y la comodidad económica primaba sobre el deseo de tener más de dos hijos, y si los que ya tenía eran hombre y mujer, de verdad, ¿para qué más?

Pues llego sorpresa, sin planear, hacía un mes me había quedado sin trabajo (desde ahí le digo a la gente que si tiene problemas con su vida sexual, ¡renuncie!) y la comodidad económica estaba amenazada. Lloré, por ser inesperada, por estar sin trabajo, por no tener un carro grande donde llevar a mis hijos cómodamente, lloré por miedo al que dirán. A las dos horas de enterarme y llorar, ya sentada con mi esposo a quien se le escurrieron las lagrimas de alegría por la ilusión de tener una tercera hija,   entendí que era un regalo que siempre había pedido y querido, era un motivo de alegría y felicidad y no podía permitir que se me aguara el rato, mi decisión de familia, mi alegría futura. No fue fácil, hubo caras largas y de preocupación que ahora se regocijan con nosotros de amor al ver a mi colada  risueña.

6. Amenazas

Si, debo confesar que caigo en la amenaza. Esta como en mi ADN, procuro racionalmente sacarla de mi crianza pero cada vez que me quedo sin herramientas y sin paciencia caigo, amenazo a mis hijos y después les pido que no lo hagan entre ellos. 😦

7. Me dan ganas de pegarles

Ayyyy me dan ganas de pegarles, duroooo. Entiendo a las mamás que pegan, no pegarles es ir en contra de un sentimiento muy muy fuerte y poderoso, un sentimiento que lo deja a uno casi sin razonar, es instintivo, es previamente aprendido, en defensa propia, es consiente (el deseo) e inconsciente (la consecuencia) al mismo tiempo.

Termino gritando o zarandeando de un brazo a mis hijos y sientiéndome fatal, la más maltratadora. Lo bueno es que logro contenerme y no pegarles como verdaderamente quisiera. Aún voy en ese camino, escudriñando mi historia, sanando mis dolores y escribiendo una nueva con mis hijos.

8. Me convierto en la versión no querida de mi mamá

Mi mamá es la mejor mamá del mundo, como la de todos, pero era brava, como todas también. Llega un momento del día en que me convierto en esa versión de ella que no me gustaba cuando era niña, estoy ahí y me salgo de mi por un instante y soy mi mamá pero no puedo parar, no puedo dejar de ser ella en ese momento que es corto en realidad pero para mi es tan largo que alcanzo a tener conciencia de lo que soy y de lo que hago. No me gusta pero no puedo parar.

9. Mi decisión de dejar de trabajar en una empresa

Me quede sin trabajo, quede embarazada al mes y aunque participé en procesos de selección y emprendí un proyecto nuevo, no me resulto nada que me generara ingresos. Una vez nació mi tercer hija ya estaba convencida de que mi lugar era en casa, que debía estar con mis hijos muy cerca y que debía apostarle a la independencia económica, emprendí un proyecto que actualmente tengo en coma profundo, no lo pude sacar adelante. Acomodarme a la nueva vida, de ama de casa, de chofer, de emprendedora al mismo tiempo fue lo más difícil que vivido en mi maternidad, pero siempre auto-justificando mi decisión, creyendo fielmente en que mi lugar era con mis hijos.

Como pareja nos costo asumirlo, cada fin de mes se nos convirtió en un montón de señalamientos y una absurda competencia para demostrar a quién le estaba tocando más duro en su rol. Una cosa es quedarse con los hijos y que la plata alcance y otra es quedarse con los hijos sin que la plata alcance y esa diferencia le abrió la puerta a muchas personas para opinar y juzgar, incluyendo obviamente a los que más queremos, en mi caso personal era mi papá el que no terminaba de entender aunque siempre admiró nuestra claridad, nuestra apuesta familiar y mi sacrificio laboral.

Cuándo verdaderamente no daba más la situación hicimos cuentas de lo que yo debía ganar para poderme ir y dejar mi casa “funcionando” y el costo era absurdo, entonces se evidenció que mi labor no era solo fundamentalista sino que yo estaba generando unos ahorros considerables en mi casa. Irme a trabajar fuera era irme por mucha plata y mucha responsabilidad lo que me dejaba automáticamente sin tiempo para mis hijos, ¿estábamos dispuestos? en principio no, pero la austeridad no es fácil de manejar. Para tener la posibilidad de elegir y dejarnos de quejar por la vida limitada económicamente que teníamos busqué chamba y encontré, hacíamos cuentas de lo que pagaríamos, ahorraríamos, del carro que compraríamos, pero, ¿y el tiempo?  y ¿mis hijos con quién estarían mientras yo convertía mi tiempo en plata?.

Gracias a Dios en eso coincidimos con mi esposo, y no, no estábamos dispuestos, definitivamente no era lo mejor para la familia, la plata nos caía bien, la necesitábamos pero iba en contra de la familia que queríamos construir. Elegimos. Elegimos tiempo, no delegar la crianza de nuestros hijos, familia; ¿el costo? alto, cuando no te alcanza no es fácil vivir pero seguimos apostándole a los proyectos independientes, de ahí surge Mamás al Ataque. Yo creo que vienen después de tres años unas grandes recompensas.

10. Reírme de mi

Me gusta reírme de mi, suelo hacerlo con mis

amigas, nos reímos de mi locura leonica, de mi lactancia prolongada, de mi colecho, de mi crianza con apego que es agotadora, de la crianza respetuosa, de las veces que no práctico nada de lo que predico. Me hace bien reírme de mi, y esta bien que se rían de mi, pero ojalá conmigo.

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